Bienvenue

Bienvenido a un repaso de las obras que han removido sentimientos, que se han adelantado a lo vivido... que se han convertido en parte de nuestra vida.
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miércoles, 6 de abril de 2011

Colores y cadena de asociaciones mentales (I)

Hay películas que ya en el título nos desvelan su tinte dramático. Qué decir del abanico tricolor de Kiéslowski: Azul, Blanco y Rojo. Anterior a éstas La doble vida de Verónica, de la que apenas recuerdo tres escenas, amplía la paleta, y en mi mente permanece anclada a través de un verde no




demasiado oscuro. Un verde de interior, alejado del de los prados y sotobosques, artificial y a veces nocturno.


El verde, a modo de resorte, me hace evocar Lo que queda del día, y esa tensión sexual mantenida, como las distancias, entre el mayordomo y el ama de llaves. Este verde es más pálido y alude a las paredes de la mansión, en un estilo rancio como las ideologías y moralinas que en ella habitan.

También el verde me remite a Wonderland, de Michael Winterbotton, en parte por los paisajes nocturnos acelerados de la gran urbe, y por la contraportada del cd de su banda sonora, del leit-motiviano Michael Nyman.






Y con la música me viene Dog, man, star mi album favorito de la desaparecida banda británica Suede, donde la conjunción de la edición y de los contenidos logra una unidad casi perfecta.

Y ahora aparece una Björk con vestido verde, casi ciega, pero liberada de sus anteojos por un momento mientras baila al ritmo de una locomotora que atraviesa bosques, verdes, como no.

P.D.: las imágenes enlazan videos.

viernes, 23 de julio de 2010

Irreversible

Como ávidos consumidores de materiales audiovisuales y literarios cada vez resulta más difícil ser sorprendidos. Nuestra intuición, producto de exposiciones previas, nos alerta ante las intenciones de un guión- ¡Ja!, quiere darme a entender esto para luego presentar como culpable al supuesto bueno…- cuyas implantaciones a lo largo del filme irán adquiriendo significado y cerrando la historia, siempre que no hayan sido puestas para el mero despiste del espectador. Este aprendizaje de la narrativa cinematográfica lo adquirimos inconscientemente, como el acostumbramiento a las escenas explícitas y a la violencia, en parte favorecidas por los informativos televisivos, discípulos de los tabloides norteamericanos de los setenta y que no sienten pudor por mostrar la cruda realidad, entiéndase en sus diferentes acepciones. Y debemos reconocer que dentro de la condición humana se encuentra el aspecto de la morbosidad, y yo soy la primera morbosa-curiosa en lo que a los productos de las industrias culturales se refiere. Así llegué hasta la película Irreversible - Gaspar Noé, 2001- que salió a relucir durante una conversación entre amigos. Mientras prestaba gran parte de mi atención en comprender el discurso en inglés del profesor de un amigo, mi pabellón auditivo se desplegó hacia la derecha, donde en lengua madre, dos amigos repasaban la cruenta historia y puesta en escena de la citada película. El hablante shakespiriano seguía hablando, yo asintiendo, y mi mente tratando de captar palabras clave que, a la vez, no desvelaran demasiado del argumento. Finalmente opté por taparme los oídos indisimuladamente. Busqué información sobre la peli, no quería leer demasiado pero lo justo para situar la historia. Leí que se había convertido en obra de culto y que dos de sus escenas destacaban por su crueldad y violencia. Ya estaba condicionada – lo cierto es que me pasa rápidamente y con poca cosa-, habría dos escenas escandalosas que alimentarían nuestro apetito morboso y sanseacabó. Para qué mentir, eso me bastó para querer ver la peli cuanto antes. No esperaba gran cosa y me jacté conmigo misma del cine con marcados tintes violentos –bajo la justificación de la venganza- que solía consumir en compañía de mi amigo F., una influencia poco recomendable (i´m kiding, man!) Una vez acabado su visionado sus imágenes estuvieron rondando por mi cabeza todo el día, mareada, asqueada. Odiaba la fotografía del comienzo, la luz parecía colarse por un filtro de agua emponzoñada, pantanosa. La cámara merodeaba como un insecto infecto que revoloteara sobre el fango y la inmundicia. El sonido ambiente tenía de fondo al propio artrópodo en un vuelo cojonero. Como contraste el plano secuencia de Mónica Bellucci. Sin cortes, sólo el ritmo interno de la acción con movimientos verticales, el jadeo desesperado, interminable… y la cámara quieta, impertérrita, fría, para que ningún recurso salvo el de la propia actuación, fuera el protagonista de un hecho deleznable al que se acerca con un verismo que atenaza. Llegados a este punto pasamos de entender el discurso, a entender la historia- con su peculiar, aunque no novedosos orden cronológico- que nos propone Noé. Tras este filme y el tráiler de Carne, su primer mediometraje, sólo puedo decir que no deseo volver a explorar a este director, ya no por esas escenas de digestión complicada, sino por la sensación nauseabunda e irreparable que ha dejado en mí. Aún quedan maneras de sorprender, aunque sean negativamente. Aún así os animo a que sacies vuestra morbcuriosidad por vosotros mismos, puede que seáis de los que consideren a Noé como director de culto.
Puntuación película: ¿?



jueves, 1 de julio de 2010

Caché (Escondido), de Michael Haneke (contiene spoilers)


Entiendo que esta película genere sentimientos contradictorios, en parte vaticinados por un trailer engañoso. Del trailer hay que quedarse con el principio, con los planos generales sin movimiento de cámara en los que parece no pasar nada, aparentemente una mostración de la cotidianidad.

Pero de puertas adentro algo está sucediendo, a ritmo pausado, sin prisas, en la vida de un matrimonio. El detonante son unas cintas de video cuyo autor no se identifica mas que a través de macabros dibujos infantiles.

A partir de aquí yo no seguiría leyendo salvo que ya haya visto la peli o no tenga intención de hacerlo en la vida.


¿Por qué?, ¿por qué no nos dice Haneke quién es el emisario?, ¿por qué narices nos cuenta todo esto para al finar guardarse lo mejor?
¿Os habeis fijado en la última escena?, aquella en que, de nuevo, la cámara fija nos informa de la salida de los alumnos de un instituto... pues repasadla.



Una vez que la hayais observado.... habreis detectado a el hijo del suicida y su encuentro con Pierrot. Vaya, ¡ahí está la clave!, ¡por fin!, la prueba de que todo ha sido idea de él.

Pues no. Viendo una entrevista a Haneke cuenta que ninguno de los personajes es el autor de las cintas, que no hay misterio que resolver, que lo importante es el conflicto creado, vamos un Mc-guffin de los de Hitchkock. El director nos hace partícipe de una ruptura de los patrones narrativos clásicos, en los que el autor de la película, ese ente abstracto, fuera de su obra, nos hace, en este caso, un guiño, introduciéndose en su criatura.

Puntuación de la película: 7 de 10

martes, 29 de junio de 2010

Despertar

Cualquier libro, película, cuadro... puede resultar una obra iniciática, sobre todo durante la transición a la adolescencia, cuando la curiosidad felina, dominada por las hormonas, nos induce a indagar en lo desconocido. Puede ser una fotografía en una revista, una descripción literaria, una escena fílmica, etc. la que active el resorte del deseo incipiente.

Recuerdo la lectura de "La vieja sirena", de José Luis Sampedro, y el batir de las olas contra las rocas mientras los amantes se refugian en una cueva para fundirse en uno. Las descripciones explícitas eran contadas, pero bastaba el lirismo que salpicaba cada palabra para imaginarse la situación y desear ser la sirena varada, agitada por el movimiento de su enamorado, o bien el experimentado amante poseedor de un ser marino de belleza insondable.

Hay obras que llegan más o menos en función de la edad y experiencias de quien las consume. En mi caso "Malena es un nombre de tango" de Almudena Grandes, me llegó en el momento adecuado, cuando la protagonista, un par de años mayor que yo, experimentaba el desamor por parte del gran amor de su vida, su propio primo. Malena, que podría ser tildada de promiscua, pero a la que yo considero sincera a sus deseos y a los que la rodean, aprovecha cada momento de su vida para demostrar que es una fiel heredera de todos los varones de su linaje, descendientes de don Rodrigo, iniciador de una saga famosa por su ferocidad en el tálamo.



El libro fue llevado al cine por Gerardo Herrero en 1995, con Ariadna Gil, muy bella pero regular en su actuación (su voz nunca termina de ncajarme) y una más acertada Marta Belaústegui en el papel de su hermana Reina.