
Entiendo que esta película genere sentimientos contradictorios, en parte vaticinados por un trailer engañoso. Del trailer hay que quedarse con el principio, con los planos generales sin movimiento de cámara en los que parece no pasar nada, aparentemente una mostración de la cotidianidad.
Pero de puertas adentro algo está sucediendo, a ritmo pausado, sin prisas, en la vida de un matrimonio. El detonante son unas cintas de video cuyo autor no se identifica mas que a través de macabros dibujos infantiles.
A partir de aquí yo no seguiría leyendo salvo que ya haya visto la peli o no tenga intención de hacerlo en la vida.

¿Por qué?, ¿por qué no nos dice Haneke quién es el emisario?, ¿por qué narices nos cuenta todo esto para al finar guardarse lo mejor?
¿Os habeis fijado en la última escena?, aquella en que, de nuevo, la cámara fija nos informa de la salida de los alumnos de un instituto... pues repasadla.

Una vez que la hayais observado.... habreis detectado a el hijo del suicida y su encuentro con Pierrot. Vaya, ¡ahí está la clave!, ¡por fin!, la prueba de que todo ha sido idea de él.
Pues no. Viendo una entrevista a Haneke cuenta que ninguno de los personajes es el autor de las cintas, que no hay misterio que resolver, que lo importante es el conflicto creado, vamos un Mc-guffin de los de Hitchkock. El director nos hace partícipe de una ruptura de los patrones narrativos clásicos, en los que el autor de la película, ese ente abstracto, fuera de su obra, nos hace, en este caso, un guiño, introduciéndose en su criatura.
Puntuación de la película: 7 de 10